martes, 11 de septiembre de 2012

Los tejados de Madrid: una vista de pájaro desde el Círculo de Bellas Artes

 

 Madrid desde el Circulo de Bellas Artes. Imagen Nocturna.
 

Madrid es una capital vibrante cuya área metropolitana cuenta con unos 5 millones y medio de habitantes. La vida cultural, nocturna y todos los tipos de ocio no cesan y ofrecen opciones de lunes a domingo incluyendo el alquiler de vehículos Madrid. Y, si bien calles peatonales, plazas y parques se han ido abriendo paso en los últimos años, el stress y el tráfico de la gran ciudad hacen preciso un refugio.

También es una capital moderna, liberal y en constante cambio. Inmigrantes y turistas se mezclan con estudiantes, artistas, hombres y mujeres de negocios y bohemios que llegan de todos los rincones del mundo al alquilar un vehículo, además de con los gatos,  madrileños de cuna y larga historia. Tradición y modernidad en una fusión sublime.

La mejor recomendación para los nostálgicos es mirar hacia arriba: las azoteas de la ciudad son auténticas obras de arte, con esculturas y balcones forjados, excelentemente conservados, que son testigo del paso del tiempo. Y, por qué no, mirar desde arriba.

En el corazón de Madrid los ojos de Atenea vigilan a los madrileños. En la terraza del Círculo de Bellas Artes, entidad cultural sin ánimo de lucro, se encuentra una de las más interesantes y accesibles terrazas desde las que contemplar la ciudad. Coronada por la imponente escultura de la Minerva romana que realizó Juan Luis Vassallo Parodi en 1964, desde allí podemos observar el eje de la Gran Vía, la Puerta del Sol, la Plaza de Cibeles o el Paseo de Recoletos, además del mar de azoteas que permanece impasible al paso del tiempo. 

Este es también un excelente punto de partida para alquilar un vehículo y hacer turismo cultural, pues la institución ofrece una amplia gama de exposiciones, cine, espectáculos, eventos y biblioteca.   Además, desde aquí nos encontramos a tan sólo unos metros de otro imperdible centro cultural, la Casa de América, que además de conciertos, exposiciones, proyecciones de películas, conferencias y actividades gratuitas sobre la cultura hispana, está situada en un edificio del Siglo XIX, el Palacio de Linares, del que se decía que está encantado…  sin duda un círculo mágico desde el que observar el otro Madrid.

·         Terraza del Círculo de Bellas Artes: Acesso, 3€.

·         Accesso al edificio: 1€

·         Actividades culturales: gratuitas/consultar.

·         Casa de América - Visita al Palacio de Linares: 7€

·         Actividades culturales: gratuitas/consultar.

 (Autor: Kateryn Ahumada)

 

viernes, 14 de octubre de 2011

Setenil de las Bodegas, Octubre 2011


Situada en la esquina nororiental de la provincia gaditana,
Setenil de las Bodegas es, para mí, el pueblo más pintoresco de la Sierra de
Cádiz y uno de los más bonitos de la provincia.

Enclavada, como dije, en plena sierra tiene sin embargo un
clima benigno al estar al abrigo de los vientos y del frío serrano. Este abrigo
se lo proporciona el estar situada en el fondo de un valle formado por el río
que unos llaman Trejo, pero que su nombre es Guadalporcún. Este río que cruza
la sierra gaditana de sur a norte para desembocar en el Guadalete y que cuenta
con 43 Km. de cauce a veces suave, a veces salvaje, nace en la vecina Alcalá
del Valle a 420 m sobre el nivel del mar y cede sus aguas al padre gaditano a
la altura de Puerto Serrano unos 240 m de desnivel más abajo. Es en su
accidentado viaje atravesando antiquísimas rocas blandas de caliza, cuando
excava en sus meandros la blanca población de Setenil.



Visitada desde antiguo por los pueblos que habitaron la
provincia, se encuentra muy cerca de la antigua Laccipo, castro romano que
vigilaba las vertientes malagueña y gaditana siendo una atalaya para controlar
el paso de una zona a otra desde el S. I a.C. hasta el S. I o II d.C.
Visigodos, moros y cristianos se sucedieron en los años siguientes siendo los
dos últimos dueños por periodos sucesivos de este enclave necesario para
dominar el paso por la sierra gaditana hacia la Axarquía y Granada.

De aquella época es el castillo que corona uno de los
escarpes sobre el río y del que solo queda la torre del homenaje (que está en
proceso de restauración) y algunos lienzos de la muralla que lo protegía.
Considerada inexpugnable, Juan II de Castilla le puso sitio en 1402 y tuvo que
levantarlo sin llegar a tomarlo. Durante casi un siglo se sucedieron siete
asedios que dieron nombre al pueblo que crecía a sus pies, Septem nihil (siete
veces y nada) hasta que en 1484 los Reyes Católicos consiguieron tomarla, abriéndose
paso hacia Granada. Se sabe que durante el asedio, la reina Isabel dio a luz a
un hijo que murió a las pocas horas y a quien iban a poner el nombre de
Sebastián y que mandaron erigir la ermita de san Sebastián en su nombre en el
sitio donde fue enterrado. En el coro de la Catedral de Toledo hay una escena
grabada sobre este asedio.

Es una lástima que esta ermita no esté abierta al público.

Aparte de estas dos edificaciones medievales está la Iglesia
gótico-mudéjar de la Encarnación que domina el río y que se puede ver en todo
su esplendor desde la calle de la Jabonería, al menos los contrafuertes de su
ábside. Tampoco es visitable por desgracia salvo durante el culto.

Pero lo que realmente caracteriza al pueblo es el pueblo en
sí. Olvida el coche en algún aparcamiento y prepárate a caminar por sus
empinadas calles y sentir sobre ti el fresco de las calles bajo toneladas de
piedra caliza.
Ruta desde Cádiz capital hasta Setenil



Normalmente entraremos desde Olvera o el Gastor por las
carreteras CA-9120 o CA-9113 respectivamente y desembocaremos en una
plazuelilla llamada calle de San Sebastián. Esta calle baja hacia el pueblo
formando curvas. Llegaremos tan solo unos metros más abajo a un cruce con la
calle Reyes Católicos que viene también paralelamente de la entrada del pueblo.
A nuestra derecha veremos una cuesta que sube hacia el cementerio, la ermita de
s. Sebastián y un mirador desde donde se ve todo el pueblo. Convendría una
visita para disfrutar de lo que posteriormente vamos a ver allá abajo y hacer
unas panorámicas.

Después de este ínterin, continuaremos bajando por donde veníamos
calle S. Sebastián abajo. Desembocamos en una calle más ancha llamada S. Román
y seguimos bajando. Esta calle se convierte en calle del Carril Alto que sigue
bajando en meandros hacia el centro. Cruzaremos un puente sobre el río y ya
vete pensando en bajar del coche en cuanto puedas, porque ahora empieza lo
bonito.

Imagino que has podido dejar el coche cerca del puente y te
encuentras en él. Si miras hacia donde hemos ido bajando podrás ver una
pasarela peatonal de hierro que cruza el río unos metros más arriba y que da un
poco de vértigo estando colgada sobre el tajo. Situandote de espaldas al Bar
Zamudio (apellido típico del pueblo) y mirando hacia el frente se abre la calle
de las Cuevas del Sol. A ambos lados del río se levantan paredes rocosas bajo
las cuales se hayan las típicas casas semitroglodíticas de Setenil. No se trata
de cuevas excavadas o naturales aprovechadas para vivir como en muchos otros
pueblos como la misma Granada. Se trata de un abrigo rocoso cóncavo excavado
por un río que en épocas pasadas debió ser muy caudaloso y que arañó la pared
que había ido cavando haciendo un surco hacia adentro que los habitantes han
aprovechado para ponerle una fachada y utilizar la roca como techo. Algún tramo
de la calle, sobre todo la que está al cruzar el río por algunos de los
hermosos puentecillos, Calles de las Cuevas de la Sombra, tiene un autentico
techo pétreo al estar la casa de enfrente también bajo la piedra. Los nombres
de Cuevas del Sol y de la Sombra vienen, y lo comprobarás en cuanto pasees por
ellas, porque la primera está orientada al sur y recibe casi todo el día los
rayos del sol y la otra lógicamente se orienta al norte y está todo el día en
sombra siendo bastante húmeda la que corren chorros de agua.



Vista de pajaro, marcadas las calles cuevas del Sol y la Sombra abajo y Jaboneria arriba.

Por la calle Cuevas del Sol hay muchas terracitas donde
tomarse unos vinos de la zona, o probar un tinto del lugar con chacinas típicas
como el lomo embuchado o un queso de la sierra que está para quedarse y no
marcharse de allí. Setenil es muy famoso por el aceite que se fabrica en sus
almazaras tradicionales y por sus productos del cerdo ibérico, así como por los
quesos curados, en aceite de la sierra o en pimentón.

El nombre “de la Bodegas” viene porque en su término se
recogía uva tinta y existían bodegas en las cuevas, una tradición que
desapareció y que vuelve poco a poco de nuevo a sus cultivos. Probé el tinto de
Setenil y bueno, no pasaría por la mesa de un sommelier pero tampoco es para
tirarlo. Es un vino muy joven en todos los aspectos y conviene tomarlo frío, y
pronto, con unas buenas tapas de queso.

Si queremos comprar algunos productos típicos, cruzad el río
justo allí mismo donde están las terrazas. Los puentes de piedra animan a
fotografiar el cauce y las paredes de donde cuelga la vegetación como en
balcones. Pasamos a la calle de las Cuevas de la Sombra y pasamos bajo un techo
de piedra. A mano derecha encontramos una tienda llamada “la Casita” y allí hay
de todo lo que podemos degustar en cualquier zona de la Sierra de Cádiz y
Setenil en particular. Enfrente hay un mirador precioso. Bajamos la calle y
volvemos a cruzar un puente para regresar a las Cuevas del Sol.

Subimos toda la calle hacia una callejuela que sube en
pendiente de nuevo. Nos dirigimos hacia la calle Jabonería. Bajando la calle
podremos admirar como la antigua Septem Nihil se va elevando en la margen opuesta. Volviendo sobre nuestros
pasos cruzaremos por la calle Triana para poder subir al casco antiguo, al
viejo torreón del castillo.

Subiremos un poco la calle y cruzando el Puente de Triana,
pero no el de Sevilla, desembocamos en la calle de la Vega. Subiendo la
cuestecilla que nos comunica allí nos volvemos hacia el puente por el que hemos
subido y hay una vista magnifica del pueblo que se encarama a las peñas.

Más o menos a esa altura, la del nº 23, se acaba la calle
Vega y empieza la calle Mina. Esa casa tiene fachada a otra callecita paralela,
muy empinada y escalonada que sube 180º volviendonos sobre nuestros pasos, en
dirección a la Torre. Luego de subir un trecho desembocaremos en la Calle
Constitución justo en un bonito restaurante. Si miramos hacia arriba veremos el
Torreón, pasando bajo el arco de la calle Callejón veremos a nuestra derecha la
calle Villa que nos lleva directo a la Iglésia de la Encarnación y al castillo.
Desde aquí y hasta volver al puente donde dejamos el coche, unos 600 m
desandando el camino y 10 minutos de caminata, esta vez cuesta abajo, menos
mal.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Escapada a Burgos, 26 Julio/1 Agosto, 2010

video
Comenzamos, como de costumbre, un mes atrás buscando en internet el alojamiento. Después de algunos emails y alguna llamada dimos con el adecuado. Hostal Acuarela, un pequeño hostal muy moderno y con decoración de diseño que nos gusto desde el principio. El precio y la disponibilidad, dadas las fechas, hicieron el resto.
Las dos últimas semanas me las pasé consultando sitios de tapas y comidas de los sitios donde pensamos ir. También, qué ver allí donde íbamos. Por cierto, tenemos pensado ir a Santander. Con las maletas preparadas salimos los cuatro el 25 por la noche, ya que son más de 9 horas de viaje, por la autovía A-4 en dirección Sevilla para buscar la Ruta de la Plata, la A-66 hasta Salamanca. De allí tomar la salida hacia Valladolid, la A-62 o autovía de Castilla y llegando a la salida 1B tomamos la B-11 de circunvalación a Burgos. Nos metemos en la A-1, autovía del norte hacia Burgos Centro. Cruzamos el Arlanzón y llegamos al hostal.
Al final fueron 11 horas ya que hicimos dos paradas para descansar y cerrar un poco los ojos. De 1'00 de la mañana a 12'00 de la tarde.
El hostal es precioso y más parece un hotelito. Muy moderno y coqueto. Los empleados (por ahora conocemos a dos chicas y un chico) muy simpáticos y atentos. Es la primera impresión, ya veremos al final.

Día 1ºHemos dado una vuelta por el centro histórico de Burgos. Aunque es pleno verano, hace un poco de rasca porque sopla un poco el viento del norte y estamos a 20º C al mediodía (para los 38º C con buen viento de levante que hemos dejado en Cádiz, hace fresco). Sin embargo, en las plazas cerradas y al sol, pica bastante.
Hemos estado en la C/ San Lorenzo de tapeo. Recomendable. Hay decenas de tapas.
Vemos la Catedral, por fuera todavía, y nos ha impresionado. Es tal y como lo cuentan, una joya arquitectónica. También hemos estado viendo, tanto por un lado como por otro, el arco de Sta. Maria, la primitiva puerta de la ciudad vieja que se abre en la mismísima plaza de la Catedral que se llama del Rey San Fernando.
Por la tarde hemos ido a descansar, después de tanto viaje lo necesitábamos.
Sobre las 9'00 bajamos a cenar de nuevo a la calle S. Lorenzo. Hay mucho ambiente a pesar del fresco que hace, aunque bueno, en Cádiz en una noche con viento de poniente larguito hace rasca hasta en Agosto. Cenamos en la pizzería "La Competencia" una pizza con manzana, uva, piñones y morcilla de Burgos claro, acompañada de un Ribera del Duero, riquísimo

Día 2º
Hoy hemos probado el desayuno buffet que va incluido en el precio. No es que aumente el precio, es digámoslo un regalo o un agasajo de los propietarios a los clientes. Para empezar, está en la tercera planta en una terraza acristalada que da a una plaza muy grande. No te obligan a levantarte a las 6’00 para poder alcanzar algo de desayuno. De 7 a 12 puedes subir cuando quieras y hay pan de molde grueso, mantequilla y mermelada todo el que necesites. Un dispensador de zumo y una cafetera automática para que tomes a tu gusto. Leche fresca, cacao y cereales, infusiones, microondas. Napolitanas y croissant. Todo muy sencillo pero que hace que parezca que te has levantado en casa y alguien te ha preparado el desayuno.
Nos fuimos a dar una vuelta a Burgos para conocer los rincones del casco antiguo y hoy probamos algo que es típico de aquí y que tenia ya ganas de probar, los cojonudos y las cojonudas. Sobre una pequeña rebanada de pan un huevo de codorniz a la plancha y sobre él una rodaja de chorizo frito el cojonudo y morcilla de Burgos la cojonuda. Como bandera una tira de pimiento de piquillo. Una delicia. Como la gran variedad de tapas de “Los herreros” que está en esa calle San Lorenzo. Si sales de esa calle con hambre, es que no has estado allí.
Estuvimos admirando la plaza porticada. Grande y sin la típica forma rectangular de las plazas mayores de Castilla. A nosotros, gaditanos, nos encantan esas plazas con soportales, será que aquí no las hay, aunque seria una bendición en verano. Ya por la tarde dimos una vuelta siguiendo el río Vena, que muere en el Arlanzón, y llegamos por la calle San Francisco a la Puerta de San Gil que es la que antiguamente subía al castillo que puede verse aun en lo alto del monte que domina la ciudad. Yo pensaba que Burgos seria un llano, pero no, tiene un cerro cubierto de pinos a su espalda protegiéndolo del norte. Entrando por esa puerta llegamos a la Catedral por el lado que da a la llamada Puerta Dorada, y bajando a la Plaza de Sta Maria salimos por su puerta gótica al paseo del Espolón. Un fresco boulevard cubierto de plataneros que forman un techo de hojas verdes soportado por columnas vegetales de la madera dorada, ocre y plateada de sus troncos. Antes de volver al Hostal, que ya era noche cerrada, nos asaltó como salido de otro tiempo la estatua ecuestre del Cid. Su espada alzada y apuntando al Burgos moderno, su poblada y larga barba, y Babieca trotando hacia el Puente de San Pablo donde le forman un pasillo las figuras pétreas de los que algún día tuvieron algo que ver con él.

Día 3º
Hoy tocaba hacer una visita fuera de Burgos. Aprovechando la “cercanía”, 180 Km para alguien que se ha hecho 900 es cerca, decidimos que queríamos ir a ver Santander. El trayecto en sí es precioso y ves como pasas del páramo castellano al verdor de las fuentes del Ebro. Santander estaba en su semana grande y aprovechamos para ponernos puos a tapas de feria. La costumbre de poner casetas en las plazas y sacar tapas y bebidas a bajo precio en el norte es un placer para nosotros, acostumbrados a las casetas amontonadas dentro de un recinto atestado de gente y con unos precios de locura. Lo primero que vimos fue el Puerto Chico que de chico no tiene nada. Un monumento en el que se ve a varios niños al borde del muelle nos llama la atención. Parece que los turistas de hace décadas tiraban monedas al mar y los chicucos se lanzaban a rescatarlas mientras les tiraban fotos. Son los raqueros, o wreckers en inglés. La palabra en inglés viene a querer decir saqueador de naufragios y así los llamaban los marinos ingleses cuando los veían lanzarse a rescatar cualquier cosa del mar. Por el Paseo de Pereda llegamos al parque del mismo nombre y encontramos una joya. Un tiovivo de dos plantas con aspecto decimonónico. Los niños no se resistieron a subirse y nosotros a dejarlos. 0’70€ más de 20 minutos de vueltas. Que tomen nota los feriantes de aquí que no bajan de 4 €. Luego continuamos hasta la Catedral que estaba cerrada. Por fuera es sobria y sencilla. Santander en sí es, ¿cómo diría?, señorial. Grandes edificios que recuerdan la época de Alfonso XIII, precursor del turismo veraniego de la ciudad. Hacía por cierto bastante calor en Santander y el sol quemaba un rato. Con deciros que cogimos un buen color bronceado en el día. Cogimos el coche y nos encajamos en la zona norte, la que da directamente al Cantábrico. Entre la playa del Sardinero chico y el Sardinero grande. Caminamos por el paseo hasta la playa del Camello, con bajada a la playa para coger en una botella agua y arena del Cantábrico como un ritual ya típico de nuestros viajes, y de allí a la península de la Magdalena con el Palacio Real asomado al mar oscuro y azul. Precioso el Palacio y preciosas las vistas. El Palacio tiene un estilo parecido a los castillos ingleses de la familia Windsor y sabiendo que la Reina Victoria Eugenia era inglesa no me extraña. El regreso fue ya caída la noche y las nubecillas que durante el día se iban acercando a la costa eran ya un techo gris que amenazaba lluvia. Hasta que salimos de Cantabria no nos abandonó la niebla y una fina llovizna que en realidad era que estábamos rodando entre nubes. La niebla entraba hasta en los túneles.

Día 4ºDecidimos ir por fin a ver la Catedral por dentro. Es sencillamente maravillosa. El gótico rebosa por todas partes. Sus torres como agujas blancas son como de encaje, un encaje hecho de piedra blanca. La entrada cuesta 5€ y 1€ para los menores de 17 años, Hugo no pagó porque menos de 7 entra gratis. Tal y como entras por la Puerta del Sarmental (llamada en realidad Sacramental), a tu espalda se ilumina un rosetón en forma de rueda de carro con 25 radios. Girando por el transepto sur (es la nave que forma los brazos laterales que al cruzarse con la nave central hace la planta de cruz latina de las iglesias cristianas) hacia la izquierda vemos desde la nave que rodea el coro, las capillas de San Juan de Sahagún desde la que vemos la capilla de las reliquias que tiene multitud de bustos de santos y mártires con sus respectivas reliquias dentro. Esta capilla solo puede verse a través de una reja acristalada. Un poco más hacia delante, siguiendo el itinerario que te indica el folleto de entrada, vimos la capilla de la Presentación que está cubierta de una bóveda con forma estrellada y tiene en el suelo un sarcófago donde se ve al obispo Gonzalo Díaz de Lerma yacente. Cosa curiosa es una virgen dando de mamar al niño que por la pinta debe ser muy antigua. Se sale de la capilla por una reja preciosa (deformación profesional). Llegamos al final del trascoro que da a la Puerta de Santa Maria. Esta parte está cerrada al turismo porque es solo para culto y hay que entrar por la Plaza de Sta. Maria, desde donde se ven las dos torres famosas, solo en horario de culto y evidentemente sin cámaras. Había una gran campana en el medio de la sala cerrada, supongo que seria de restauración. Eran las dos menos cuarto de la tarde y decidimos esperar un poco para ver el espectáculo del Papamoscas. Acababa de tocar sus dos campanillas el Martinillo que es un personaje situado en lo más alto de la pared lateral derecha mirando hacia la puerta. Es pequeñito, así que hay que buscarlo. A su lado está el Papamoscas, una especie de diablo vestido de rojo con barba y bigotes típicos de ese personaje que abre la boca sonriente y llena de dientes mientras con su mano toca una campana con cada hora. Evidentemente la mejor hora para verlo es a las 12 del mediodía. Mientras esperábamos admiré y fotografié los arcos del triforio. El triforio es una serie de arcos que hay sobre las naves laterales que acompañan a la nave central. Por estos arcos se asomaban los fieles a dicha nave para asistir a la misa. Pues esos arcos están coronados por cabezas humanas en piedra que lo rodean. Supongo que son retratos de personas importantes que donaron dinero para la Catedral. Aunque mezclados con ellos hay imágenes demoníacas. Ya metidos en la nave lateral norte vimos la capilla de Sta. Ana que tiene en su centro el sepulcro del obispo Luis de Acuña y Osorio, levantado también sobre una caja de mármol blanco y con el cuerpo del muerto sobre una cama con su mitra y su báculo. Ya salía de la capilla cuando vi como un rayo de sol pintado con los colores de una vidriera se reflejaba en el suelo, Irina no se resistió a hacerse una foto bañada por la luz. Ya había llegado al brazo norte del transepto y en la pared la Puerta Dorada. Es una puerta elevada que tiene dos tramos de escalera que saliendo de una sola se divide y vuelve a juntarse arriba a la altura de la puerta. Ocurre que a ese lado la calle tiene un desnivel de unos cuantos metros sobre el suelo de la catedral. Por ahí entraban los peregrinos de Santiago a la Catedral. El crucero, la unión de la nave y el transepto, tiene en el suelo una losa de mármol rosado bajo la que descansa el Cid y Doña Jimena. Mirando hacia arriba verás el cimborrio que es una especie de tambor soportado por las cuatro columnas del crucero. No tiene cúpula y esta calado totalmente. Es como una torre octogonal rematado por agujas en el exterior y sobre cuatro enormes columnas cilíndricas para que no ocurra lo que la madrugada del 4 de marzo de 1539, que se vino abajo todo el cimborrio y fue una suerte que ocurriera de madrugada y no hubiera nadie debajo. Estando allí debajo me imagine lo que seria toda esa piedra lloviendo sobre uno. Hacia la puerta principal está el coro y hacia el lado contrario la Capilla Mayor y su enorme retablo renacentista. Salí hacia la girola que bordea esa capilla y me encontré con la enorme y lujosa capilla del Condestable de Castilla. Enorme y de planta octogonal, sobresale de la Catedral por la parte trasera con otro cimborrio rematado de pináculos o agujas de piedra. En su interior están enterrados y sobre ellos hay dos sepulcros con su figuras tumbadas una junto a la otra, Don Pedro Fernández de Velasco, vestido con armadura y espada, y su mujer Doña Mencia de Mendoza. Tiene un retablo dedicado a Santa Ana y en un lateral hay un cuadro de la Magdalena en penitencia de la escuela de Leonardo DaVinci. La familia de los Velasco-Mendoza está enterrada allí. Acabando de rodear la girola se llega a la sacristía que tiene una serie de tablas pintadas que reproducen escenas de la Historia Sagrada y cálices y miniaturas, procedentes de restauraciones de la misma Catedral. Bajando por una escalera de piedra se llega al claustro y rodeándolo podemos ver por sus ventanales el claustro bajo y el patio. En una sala está entre otras cosas la carta de arras del Cid a Doña Jimena de su puño y letra y el baúl. Bajamos al claustro bajo por una escalera abovedada y damos la vuelta al patio admirando los sepulcros reales y canónigos que hay en las paredes, las piezas y esculturas que han quedado para museo al haber sido colocadas otras ya restauradas y unas maquetas sobre la Catedral y su construcción. Pasando bajo un arco excavado en el suelo salimos hacia una puerta automática de cristal que pasa por debajo de la Puerta del Sarmental y da con la oficina de recepción y venta de souvenirs. La visita había acabado y habíamos echado dos horas justas. Demasiado poco para verlo todo detenidamente. Después fuimos a ver el Monasterio de San Juan que está de paso para llegar al hostal y que tiene la iglesia en ruinas pero que resulta espectacular verla como una especie de patio rodeado por las paredes de la iglesia. Parece ser que se debió quemar porque hay paredes ennegrecidas. Es como si un gigante hubiera arrancado el techo y se hubiera llevado las columnas, que son solo unas piedras en el suelo. En el claustro han colocado el Museo del pintor Marceliano Santamaría, que no vimos, pero por si queréis.

Anécdota.
Justo frente a la Puerta del Sarmental, cruzando la Plaza de San Fernando, hay una calleja que da al Paseo del Espolón. En ella hay una especie de bar o algo así desde cuya puerta vi una antigua cafetera industrial muy antigua de color plateado y muchos grifos y tuberías. Me planté enfrente para hacerle una foto desde fuera y el dueño que estaba leyendo el periódico en la barra (porque otra cosa no tenia que hacer ya que el bar estaba tan solo que ni moscas) salió haciendo aspavientos y gritándome que me fuera a mi casa a hacer fotos. Un tío desagradable y agresivo porque salió hasta la calle a gritarme cuando yo ya me había disculpado y seguía mi camino. Desde luego con tamaña grosería y agresividad no me extraña que su bar en plena Catedral estuviera como la biblioteca de Belén Esteban, vació. O quizás por eso tenia tanta mala leche. En fin, la anécdota negativa del viaje.

Día 5º
El Museo de la Evolución Humana resultó ser más interesante de lo que me había imaginado. Las 4 plantas en que se divide te llevan al pasado más remoto con explicaciones y dioramas, figuras 3D y piezas arqueológicas que te dejan alucinado. En casi dos horas nos quedamos con las ganas de ver más detenidamente cada stand de la exposición.

Día 6ºHoy fuimos a Santo Domingo de la Calzada, La Rioja. Vamos por la N-120 en pleno Camino de Santiago, atravesando los Montes de Oca. Cuando recién hemos pasado el Puerto de la Pedraja y comenzamos la bajada, me encuentro a mano izquierda con una construcción de piedra en medio de la nada. Me meto a la derecha en una especie de merendero donde habían un par de familias a la sombra de los árboles almorzando. Los coches me taparon la “Fuente del carnero”, algo que luego me enteré, y no pudimos disfrutarla. Crucé la carretera y fuimos a ver la ermita de Valdefuentes. Supe lo que era buscándolo a posteriori en internet porque allí solo hay una cartel de madera que indica que por un camino de tierra se llega a San Juan de Ortega y una placa en honor de Gonzalo de Berceo. La ermita fue construida en el S.XII y a su alrededor había una pequeña aldea de la que hoy no existe ni la sombra. Está medio en ruinas y a pesar de que tiene una reja altísima en su impresionante puerta gótica, el interior está lleno de mierda, recuerdos imborrables de los turistas irresponsables y sin educación que piensan que este antiguo hospital de peregrinos que tuvo hasta fuero propio en 1187 otorgado por Alfonso VIII, es un contenedor de basuras. Y ninguna autoridad hace nada para remediar este desastre.
Continuamos por la carretera hasta nuestro destino, una ciudad con un centro histórico amurallado y de estilo medieval. Almorzamos, yo embuchado de cordero (o sea tripas fritas), puerros en vinagreta y ensalada de pasta al queso azul regado todo con un buen rioja. Y pasamos junto a la Catedral, donde están las famosas aves que hacen el dicho: En Santo Domingo de la Calzada cantó la gallina después de asada. Cuenta la leyenda que unos peregrinos alemanes llegaron a la ciudad. Se alojaron en una posada y la joven mesonera le pidió tratos al hijo mayor de la familia. El hijo, bien porque la mesonera no seria de su agrado o sabe Dios porqué, no aceptó. La mesonera con su mala leche guardó en el zurrón del chaval una taza de plata y luego le denunció por ladrón. El alcalde le condenó a la horca. Los padres encomendaron la vida del muchacho a Santo Domingo. A pesar de estar colgado el muchacho seguía vivo y los padres fueron a pedir al alcalde que lo descolgase pues el Santo al dejarlo vivir había bendecido al chaval. El alcalde dijo: Ese chico está tan vivo como este gallo y esta gallina que me voy a comer (señalando a la bandeja con esas aves asadas que le traían). De pronto la gallina y el gallo se levantaron y empezaron a cacarear. No sé que ocurrió después con el chaval, con la mesonera ni con las gallináceos, pero desde entonces hay una collera en la iglesia.
Echando unas fotos al monumento al peregrino conocimos a un buen hombre que nos invitó a su casa. Navarrito le llaman. Nos llevó a una pequeña bodega y estuvimos un buen rato charlando con él y su familia. Bebimos su vino y nos llenamos de su bondad. La buena gente está en cualquier lugar y solo hay que buscarla o que ellos te busquen a ti.
Euskadi quedaba a 20 Km al norte y queríamos ir a Haro pero se hizo tarde y decidimos que mejor hacer caso a Navarrito y visitar San Millán de la Cogolla, donde nació el castellano escrito y el eusquera. Gonzalo de Berceo escribió los primeros textos en un idioma que no era ya latín en lo que se llama el Escorial del norte. Según nos decía el hijo de Navarrito, cogimos el idioma castellano y el vasco que era más jodio se lo dejamos a ellos. Pero que lo hablan muy bien oye.

Día 7ºEra el último día completo en Burgos y nos enteramos que en Vivar del Cid, a 10 Km de allí, se celebraba una misa medieval y una cabalgata con Don Rodrigo como protagonista. Nos tragamos la misa y aproveche para tirar una fotos desde el coro y el campanario. Estuvo muy bonito, ver recreado el momento en que el Cid marchaba al destierro desde la Legua 0 del Camino del Destierro y luego fuimos a comprar dulces al convento de Clarisas. Regresamos a Burgos a almorzar y volvimos coger la C8 para ir esta vez a Poza de la Sal, a 50 Km. Tomamos la N-623, la misma que a Vivar o Santander, y una vez pasado Vivar y Quintanaortuño nos desviamos hacia la CL-629 en dirección a Cernégula por una carretera llena de tractores cargados de trigo hasta la corcha. Había que pasar por el centro de varios pueblecitos y la carretera casi roza los muros de las casas. Es más, los muchos camiones que por allí pasan sí que casi los rozan. Un peligro para sus habitantes sin duda. Subíamos por una larga pero ligera pendiente donde el paisaje se iba haciendo cada vez más rocoso y duro. Pasamos por Peñahorada, un pueblo de 10 habitantes que está en un desfiladero metido entre dos sierras por donde pasaba el Ferrocarril a Santander desde el Mediterráneo y justamente este desfiladero divide la Vertiente Atlántica de la Mediterránea en esa zona. Es decir, el río Ubierna que discurre hacia el sur va de río en río hasta el Duero (Atlántico) y el río Homino (que veríamos de cerca más adelante) que va hacia el Ebro (Mediterráneo). Unas viejas canteras abandonadas se deshacen lánguidas junto a la carretera, la vieja “La Polar”, que desde el 68 y durante 40 años dio piedra y grava para construir edificios de la zona. En 1990 la junta de C y L pide los permisos y estudios necesarios para mantener una cantera abierta, que en el 68 no hacían falta. “La Polar” no solo los consigue sino que aumenta los terrenos de producción con compras y expropiaciones. Los vecinos hartos de la explosiones se movilizan en el 2002 y logran que la Junta sancione con 6000 € a la empresa que continua su actividad. Se decide llevar el tema a las Cortes de C y L pero hasta el 2004 la cantera sigue trabajando. Es entonces cuando la Delegación de Medio Ambiente, merced al impacto ambiental de dicha explotación, ordena el cese inmediato de la actividad. Y allí quedó desde entonces detenida en el tiempo. Todo tal y como estaba el último día de trabajo, ya que los dueños pretendían reanudarlo después de un recurso que se desestimó. Cintas transportadoras, camiones dumper gigantes, la báscula, un generador de corriente. Todo intacto pero muerto, deshaciéndose con el tiempo. Solo un perro negro y una luz encendida en la caseta del guarda indican que quizás alguien vive allí o quiere hacerlo creer así.
En el primer cruce pasado Cernégula, tomamos a mano derecha la BU-502. Estamos en medio del páramo. Una carretera casi recta de un par de metros de ancho y muy mal estado. El trayecto es llano y a ambos lados de la carretera, unos 7 Km, hay una fila de árboles que acompaña al viajero. A partir de ahí se pierde la meseta desparramada y vacía a cada lado. Imagino esa carretera en Enero y da pavor. Debe ser un mundo helado. De pronto, tras una curva, el camino empieza a describir curvas en una vertiginosa bajada donde la vegetación se vuelve de nuevo verde y alta. Al fondo se vislumbra entre altas rocas y una sierra verde y salvaje, la comarca de La Bureba, amarilla de trigales hasta donde alcanza la vista. Y en el interior de una especie de olla que da paso a la comarca, Poza de la Sal. La cuna del doctor Félix Rodríguez de la Fuente. Minas de sal de roca explotadas por los celtiberos autrigones y los romanos. Cuyo valor estratégico en la Edad Media hizo que se construyera un castillo y se le diera a los Rodríguez de Rojas en el S. XIV. El agua, que al pasar por las margas salitrosas se vuelven salobres, se hacia pasar por acueductos y terrazas hasta llegar a depósitos poco profundos donde el agua se evaporaba y dejaba la sal. Antes de bajar al pueblo se pasa por las ruinas del almacén de Trascastro. Un antiguo silo de sal que pertenecía a la Hacienda Pública hasta mediados del siglo XIX. Hasta allí se llevaban a partir de Septiembre a lomos de mulas sacos de 2 fanegas. El almacén es de planta cuadrada de 30 por 35 metros y en ella se depositaba en dos salas en forma de L. Hacienda pagaba la sal por fanegas de pala cargada que son 52 kilos aprox. y la vendía por fanegas de rodillo o Pote de Ávila, que son 42 Kg. Con lo que le ganaba un 20%. ¡Ay Hacienda, Hacienda! Desde chiquita ya “haciendo” de las tuyas.
La noche se acercaba y no quisimos que nos pillara en aquellas carreteras tan salvajes. Regresamos a nuestra última noche en Burgos. Aquí quiero aprovechar para hablaros de la gente del hostal. Si al principio os decía que ya veríamos al final, éste nos ha dado la razón a nuestra primera impresión. Tanto Ana como Lorena (los chicos también, pero no entablamos tanta conversación como para saber sus nombres) se portaron como si fueran esa familia lejana que un día vas a conocer. Incluso el padre de Ana (la dueña) estuvo un buen rato de charla con nosotros como si nos conociéramos de tiempo. Se mantuvieron todo el tiempo atentos y amables. Supieron tratar a los niños con dulzura y a nosotros con esa familiaridad sin rebasar los límites de la corrección (vamos, aquello de la confianza da asco). Nos fuimos con pena de dejar allí unos amigos. Hostal Acuarela, por si no os acordabais.